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Nadie Rescató a Michael Cimino

“Michael Cimino murió en paz, rodeado de su familia y las dos mujeres que lo amaron. Nosotros también lo amamos”. Con estas palabras Thierry Fremaux, director del Festival de Cannes, anunciaba la noche del pasado 2 de Julio el fallecimiento del director a los 77 años de edad. Más allá de algunos breves recordatorios a su figura en webs especializadas, su fallecimiento ha sido una de esas noticias que pasan completamente desapercibidas dentro del torrente informativo de cada día. Incluso su existencia pasaba desapercibida para una gran mayoría de cinéfilos, muchos de los cuales quizás arqueen una ceja al encontrarse frente a un texto dedicado a su figura, especialmente al comprobar su exigua contribución cinematográfica tras las cámaras –apenas 7 títulos y un fragmento de película colectiva- en una carrera que comenzó a principios de los 70. El motivo de su aparente falta de relevancia y que sin embargo le dedique unas palabras van de la mano, ya que estamos ante el hombre que durante los últimos 36 años tuvo que cargar con un duro estigma: ser considerado el culpable del fin de una de las grandes etapas de la historia del cine.

Un botín de 500.000 dólares

© United Artists

Eran los 70, época tan tumultuosa como proclive a los grandes descubrimientos y carreras meteóricas en la industria del cine norteamericano. Todos recibían tarde o temprano una oportunidad y Michael Cimino no iba a ser menos. Apenas había trabajado como guionista en dos producciones cuando el protagonista de una de ellas, un tal Clint Eastwood, decidió no solo apostar por un guion de Cimino para que fuese su próximo proyecto, sino que finalmente le cedió la silla de director que inicialmente tenía en mente ocupar él mismo. El resultado final fue ‘Un Botín de 500.000 Dólares’ (‘Thunderbolt and Lightfoot’, 1974), co-protagonizada por un joven Jeff Bridges y que suponía un interesante aunque irregular debut. Se trataba de un film sobre dos perdedores que deciden dar el clásico golpe que les permita retirarse y disfrutar de las mieles de la vida delictiva. Una cinta que hacía de su sencillez una virtud para resultar disfrutable sin resaltar en exceso ciertas irregularidades y bajones de ritmo o argumentales propios de un cineasta primerizo. Por prometedor que resultase este primer intento de Cimino, pocos hubiesen vaticinado que apenas 4 años y una sola película después el que fuese un arquitecto frustrado erigiría una de esas historias que marcan toda una época en la historia del cine.

No son pocas las películas que con mayor o menor acierto han retratado la Guerra de Vietnam y sus consecuencias, siendo esto extensible en mayor medida al género bélico en general. Pero ninguna como ‘El Cazador’ (‘The Deer Hunter, 1978) ha logrado retratar aquello que resulta más desgarrador y terrible que cualquiera de las batallas sucedidas a lo largo de los distintos conflictos armados. Me refiero a las consecuencias irreversibles que tiene la guerra en aquellos que entran directa o indirectamente en contacto con ella. El daño físico y psicológico que ejerce en el ser humano nunca fue tan patente como en una historia tan formidable como real en su confección y desarrollo de personajes. Sustentada en un reparto de altura, con grandes nombres como Robert De Niro, Christopher Walken o Meryl Streep y en un guion tan emotivo como certero en su análisis de los horrores del belicismo estadounidense, es una de esas ocasiones en que todos los resortes funcionan a la perfección para dar como resultado una cinta única e irrepetible. Incluso John Cazale hizo el sobreesfuerzo de terminar su pequeño y póstumo papel durante sus agónicos últimos días de vida, como si en el fondo sintiese que la ocasión era lo bastante especial para merecer el esfuerzo.

El Cazador

© C.B. Films S.A

El éxito de ‘El Cazador’ fue tremendo entre crítica y público, arrasando en los Óscars con 9 estatuillas y encumbrando a Michael Cimino de manera instantánea como unos de los grandes cineastas de su tiempo, algo que aún por aquel entonces en Hollywood significaba acceder no solo a grandes sumas de dinero a destinar en rodajes, sino lo más importante y que acabó siendo la ruina de Cimino, la total libertad artística a cualquier coste. De manera inmediata pues se puso manos a la obra con la producción de ‘La Puerta del Cielo’ (‘Heaven’s Gate’, 1980), prevista como la primera de una serie de películas para United Artists –compañía puntera en la industria en aquel tiempo- y que fue la llave que cerraría de un plumazo sus opciones tanto de seguir con su recién adquirido estatus como artista como de trascender de cara a generaciones cinéfilas venideras, tal como su talento hacía presagiar en un primer momento.

Un análisis fácil del fracaso de la película, la más cara producida hasta esa fecha, es limitar el fracaso económico de la misma y hundimiento del estudio a la excesiva megalomanía y descontrol presupuestario generado por Cimino. No es muy extraño que un director que recién acaba de alcanzar un inesperado y apabullante éxito se deje engullir por su propio talento buscando la perfección en su siguiente obra –véase a Iñárritu con ‘El Renacido’ (‘The Revenant, Alejandro G. Iñárritu, 2015), proyecto de índole similar aunque con final bastante más feliz para sus responsables-. El problema es que esta producción llegó en un momento en el que resultaba evidente que el sistema de producción y entrega de grandes sumas de dinero a la creatividad sin límites de los realizadores se había descontrolado, siendo varios los sonoros fracasos coetáneos al que nos ocupa. Como Peter Biskind narra con precisión de cirujano en su libro ‘Moteros Tranquilos, Toros Salvajes’, el director tenía incluso establecido por contrato la facultad de pasarse del presupuesto, algo que convirtió los 7,5 millones iniciales a 32 –sumando promoción hasta 44 según algunas fuentes- para luego apenas recaudar algo más de un triste millón. El fracaso señaló como principal culpable al mismo hombre que había buscado la perfección a lo largo de interminables tomas, continuos cambios y construcción de decorados o largas esperas para obtener condiciones climatológicas concretas. Tampoco ayudó el excesivo montaje inicial, drásticamente reducido por el estudio y que hacía poco entendible la trama para el espectador debido a su desvirtuación de la idea original.

La Puerta del Cielo

© C.B. Films S.A

El sistema de los estudios contraatacó, reduciendo el rol e importancia en los rodajes venideros de todos aquellos directores que no solo habían adquirido el aura de intocables, sino que como Francis Ford Coppola se habían creído capaces de dominar la industria desde su posición de artistas todoterreno. Pero hubo algo más que castigo para Cimino, algo que en mayor o menor medida afectó a gente como el propio Coppola, Martin Scorsese, Peter Bogdanovic, Paul Schrader o William Friedkin. Su fracaso fue identificado como el último clavo en al ataúd de multitud de proyectos e incluso carreras, la causa del fin de una era dorada en lo que a creatividad cinematográfica al servicio de grandes proyectos se refiere. Se convirtió desde entonces en un apestado, en alguien incapaz de inspirar confianza a los estudios y siendo apartado de manera frecuente de multitud de proyectos. Como hace apenas un año el mismo dijo: “Tengo un armario lleno de guiones que ha rechazado Hollywood”. A pesar del amago de volver por sus fueros pasados que supuso ‘Manhattan Sur’ (‘Year of the Dragon’, 1985), el resto de la escasa carrera de Michael Cimino fueron una sucesión de proyectos infructuosos, encargos de segunda y en definitiva la progresiva disolución de la figura como artista del que pudo ser por un momento uno de los grandes de su género.

Manhattan Sur

© Trifilms S.A

Cuando Coppola lo perdió todo con ‘Apocalypse Now’ fue George Lucas el que acudió a su rescate en materia económica -sobre la cinematográfica a pesar de algunas excepciones no hubo remedio-, De Niro dio la cara por Scorsese cuando se estrelló a todos los niveles con ‘New York, New York’. En definitiva fueron muchos los barcos que se hundieron o amagaron con hacerlo en aquellos años dentro de la denominada “Generación que cambió Hollywood”, siendo la ayuda y apoyo entre amigos y colaboradores lo que evitó que tropiezos o caídas derivasen en muchos casos en auténticas tragedias. Pero nadie acudió al auxilio de Michael Cimino, nadie respondió por él cuando más lo necesitaba. Quizás incluso sus compañeros de profesión pensasen en su fuero interior que él fue el culpable de muchas de sus frustraciones posteriores en cuanto a proyectos. Aunque con el tiempo ‘La Puerta del Cielo’ se ha visto reivindicada desde muchas corrientes cinéfilas, adquiriendo en ocasiones el título de film de culto, eso no logró que Cimino encontrase en vida la consecución de ese enésimo proyecto que le redimiese a los ojos de la comunidad cinematográfica. Porque puede que él tuviese la principal culpa de uno de los grandes fracasos de la historia del cine, pero también nos regaló algunos de los momentos más maravillosos que ha dado el séptimo arte. Quizás no mereció el duro castigo recibido durante décadas de ostracismo. Y es que, en definitiva, él solo quería hacer cine.

El Cazador

© C.B. Films S.A

Acerca de Samuel Martín (51 Artículos)
Cinéfilo hasta la médula, disfruto por igual una película de autor que la cinta más palomitera. ¿El único requisito? Que merezca la pena hablar de ella

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