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John Cazale, el Talento que Duró un Suspiro

No lo voy a negar, siento especial predilección por aquellos actores y actrices a los que se les suele etiquetar como “intérpretes de carácter”. Me refiero a esos secundarios roba-escenas que independientemente de la calidad de la película o la presencia en metraje de su personaje, siempre dan lo mejor de sí mismos y dotan con su oficio y entrega de autenticidad a aquellas escenas en las que intervienen. Dentro de ese nutrido grupo de actores, quizás podamos considerar a John Cazale como su mayor exponente. Y es que no es nada común pararse a repasar la carrera y labor cinematográfica de un actor con tan solo cinco películas en su haber, pero la excepción se hace imperiosa cuando reparamos no solo en la calidad de esas cinco historias, sino también en la capacidad de Cazale para hacer de su presencia en cada una de ellas sencillamente algo imprescindible e inolvidable.

Nacido en Boston en 1935, el debut de John Cazale en la gran pantalla tendría que esperar hasta 37 años después, pero sin lugar a dudas la espera mereció la pena. Más allá de su participación en un cortometraje y en un capítulo de una serie de televisión sin mayor repercusión, su carrera actoral se había concentrado en obras teatrales de off-Broadway, periodo en el que además de conocer a personalidades de la talla de Al Pacino o Israel Horovitz –con el cual trabajó en infinidad de producciones teatrales–, forjó su personalidad de actor especialista en papeles de carácter estrafalario y personalidad débil. Porque si en algo fue un maestro es en su capacidad de dar autenticidad a sus personajes a través de la perfecta caracterización de sus mayores defectos y miedos. Precisamente en la representación de una de las obras de Horovitz titulada ‘Line’ y en la que compartía cartel con Richard Dreyfuss, es cuando llamó la atención de Fred Roos (director de casting de ‘El Padrino’), el cual no lo dudó un instante a la hora de recomendarle a Francis Ford Coppola su elección para el papel de Fredo.

El-Padrino-2

© Paramount Pictures

Durante su participación en las dos formidables primeras entregas de la historia de los Corleone, asistimos a una magnífica composición del arquetipo de un hombre ambicioso pero demasiado frágil y cobarde para hacerse valer dentro un entorno controlado por la violencia y el poder. Su Fredo Corleone es el fiel retrato de cierto patetismo entrañable, en tanto que a pesar de sus defectos no es más que el hijo débil que tan solo busca el amor y aprobación de su padre. No hay más que echar un vistazo al reparto de ambas películas, para entender que no era nada fácil destacar de manera positiva entre intérpretes de la talla de Marlon Brando, Al Pacino, James Caan, Diane Keaton o Robert Duvall. Pero a pesar de tener un personaje mucho más desagradecido que sus compañeros, Cazale logra brillar con luz propia y dejar su impronta en un complejo personaje con una variedad de registros al alcance de muy pocos compañeros de profesión. Es éste el personaje por el que más se le recuerda, especialmente por su importancia creciente en la segunda parte, mítica escena del beso de la muerte incluida. “Sé que fuiste tú, Fredo. ¡Me partiste el corazón!”, los pelos como escarpias oiga. Fredo fue el comienzo de lo que se adivinaba una larga y fructífera sucesión de personajes de entidad en manos de este actor. Pero el destino tenía otros planes.

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© Paramount Pictures

No es de extrañar que entre ambas películas de ‘El Padrino’, la segunda aparición en una película que realizó Cazale fuese en ‘La Conversación’ (‘The Conversation’, Francis Ford Coppola, 1974). Y es que Coppola quedó fascinado por la capacidad de este actor de físico peculiar y actitud metódica para infundir de personalidad hasta al más coloquial de los personajes. Es por eso que no lo dudó a la hora de darle el rol de Stan, ayudante del protagonista interpretado por Gene Hackman. Es en comparación con el de Fredo, un papel de calado claramente menor, lo cual no impide al actor italoamericano no solo dar la talla sobradamente en todas sus escenas, sino que da una muestra más de la que según sus compañeros de reparto era una de sus grandes virtudes. Me refiero a su habilidad para contagiar con su entrega en la actuación a aquellos que compartían escena con él y es que Cazale ejercía de un apoyo tan perfecto que siempre hacía mejores a los otros actores. Basta hacer un repaso a cada una de sus cinco películas para darnos cuenta de que los principales intérpretes realizaron en ellas una de las mejores actuaciones de sus dilatadas carreras, en ocasiones incluso las mejores.

Coppola no fue el único empeñado en repetir con el bueno de John, ya que su amigo Al Pacino consiguió convencer al director Sidney Lumet de que le hiciese una prueba para ‘Tarde de Perros’, obra maestra del cine de atracos. No fue una tarea sencilla, ya que la idea inicial de la edad y apariencia física del personaje de Sal no encajaba en absoluto con el perfil de Cazale –se buscaba a alguien mucho más joven–. Sin embargo, bastó con verle interpretar el personaje en la peleada por Pacino prueba, para que Lumet fuese incapaz de concebir la película sin él. El tándem que conforma con Pacino en esta cinta es de un nivel colosal, siendo el personaje de Cazale una auténtica bomba de relojería a punto de explotar en cualquier momento, con el encarnado por Pacino como único freno para que no desate el caos. De nuevo ante un personaje poco propicio para el lucimiento, aunque en esta ocasión de mayor importancia en el elenco que los anteriores, vuelve a regalarnos una exhibición de convertir las debilidades del ser humano en virtudes para la excelencia interpretativa. No hay momento de la cinta en la que aparezca sin dar sensación de ser capaz de hacer daño a todas las personas presentes en el atraco, siendo su sola presencia motivo de continua tensión y desasosiego. Por este papel recibió la nominación al Globo de Oro como mejor Actor de Reparto, la cual sería sorprendentemente su única aparición en cualquier premio del ámbito cinematográfico. Sí que fue premiado en diversas ocasiones por su prolífica carrera teatral, pero el carácter marginal e incomprendido de sus personajes junto con su falta de interés en potenciar su carrera en el cine de manera más mediática, le hizo ser merecedor de la ignorancia de los diversos gremios y asociaciones del séptimo arte.

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© Warner Bros. Pictures

Ya había sido diagnosticado del cáncer de pulmón que acabó con su vida a los 42 años, pero eso no fue impedimento para que John Cazale participase en la que sería su quinta película y de estreno póstumo. Se trata de ‘El Cazador’ (‘The Deer Hunter’, Michael Cimino, 1978), proyecto en el que además compartió cartel con la que fue su compañera sentimental durante sus últimos años de vida, la formidable Meryl Streep. Este factor añade aún más emotividad si cabe a la presencia de Cazale en el film, quien a pesar de los evidentes estragos que sufría por la enfermedad logró finalizar todas las escenas de su breve pero una vez más preciso papel. Era tal el interés que cualquier profesional de la época tenía de contar con el actor en sus proyectos, que incluso Robert De Niro llegó a avalar con su propio dinero la participación de Cazale en el rodaje, ante el temor de la compañía aseguradora de que éste falleciese antes de poder terminarlo.

Hace unos años la cadena HBO estrenó el documental ‘Descubriendo a John Cazale’ (‘I Knew it Was You’,  Richard Shepard, 2009), el cual reivindicaba la figura del actor a través del testimonio de aquellos que trabajaron con él, y que aprovecho para recomendar a cualquier aficionado al cine que al disfrutar de cualquiera de las obras maestras en las que trabajó John Cazale, fuese incapaz de no fijar los ojos en ese extraño y fascinante elemento que pululaba al lado de grandes como Robert De Niro, Marlon Brando, Gene Hackman o Al Pacino. Un formidable actor cuyo breve pero intenso trabajo seguirá siendo imposible de olvidar para el espectador, aun cuando muchos no sean capaces de recordar su nombre.

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© Paramount Pictures

Acerca de Samuel Martín (51 Artículos)
Cinéfilo hasta la médula, disfruto por igual una película de autor que la cinta más palomitera. ¿El único requisito? Que merezca la pena hablar de ella

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