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Seriefilia Española (Parte 1)

Antes de Netflix, torrents, edades doradas de la televisión, Series Yonkis, Megavideos e incluso eMules, había series en nuestra piel de toro. Y no me refiero a sólo a series extranjeras, como las sitcoms americanas, telenovelas latinas o animes venidos de oriente. Me refiero a realizaciones de factura española, ¡y menudas series! –tanto para lo bueno como para lo malo claro–.

Sí amigos, en el caso que nos ocupa hoy hablaremos del fascinante mundo de las series españolas y en concreto de las consideradas como buenas, basándonos en su repercusión a nivel de público y crítica. En otro momento también podríamos hablar de las no tan buenas pero que aún así están grabadas a fuego en nuestra memoria, e irremediablemente forman parte de nuestra vida. Y es que aunque a mucha gente le cueste creerlo –en este país en el que se es muy de despreciar lo que se hace aquí, y si no que se lo digan a la gente del cine– en nuestra historia se han hecho, y se hacen, series muy buenas que han triunfado tanto en España como en el resto del mundo.

Mucho antes de que se “instalase” el sistema americano de showrunners y writings rooms en el modelo español –digo “instalase” porque todavía no lo está del todo, capítulos de 90 minutos de duración, ejem–, en nuestro país se hacían series dignas de producciones cinematográficas ya que hasta la llegada de los sistemas de almacenamiento digitales, cualquier cosa que se tuviese que grabar en exteriores tenía que ser en película cinematográfica. La duración de los capítulos también era de 50 minutos, como los de las americanas en la actualidad, con la diferencia de que no eran escritas por equipos de guionistas como lo conocemos hoy en día. Aunque claro, no podemos olvidar que hasta finales de los 80 sólo existía una cadena, TVE, y no había ninguna presión por conseguir audiencias, lo que daba una cierta libertad a la hora de apostar por todo tipo de productos. Pero bueno, empecemos por el principio.

© RTVE

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El teatro en la tele

Parafraseando a Juan 1:1 “En el principio existía el verbo y la carta de ajuste”. Los comienzos de la tele en España estaban dedicados a programas de variedades, obras de teatro y horas y horas de no emisión. Todo esto en riguroso directo ya que rodar en película era muy caro y por tanto lo más barato era rodar en los estudios en directo y emitir la señal. Con el paso del tiempo los contenidos se fueron ampliando a la vez que su calidad hasta que en octubre de 1965 se estrenó ‘Estudio 1‘, otro de tantos programas en los que se representaba teatro en directo. Pero lo que lo diferenció de los otros fue su exquisita selección de obras, así como su realización y puesta en escena, que le valió estar en antena durante 20 años. Para el recuerdo quedan ‘12 Hombres sin Piedad‘, con Sancho Gracia y Manuel Alexandre, o el ‘Don Juan Tenorio‘ de Paco Rabal entre otros.  Imagino que habrá alguno de vosotros que pensaréis, “eh un momento, ¡pero si esto no es una serie!” y no os faltará razón, pero sí es cierto que fue de los primeros programas en esa proto-televisión en marcar una serialidad que mantenía a toda la familia expectante para que una semana tras otra llegase una nueva representación.

Los dos rombos

Un año antes del estreno de ‘Historias para No DormirChicho Ibáñez Serrador ya había atribulado a media país con su serie ‘Mañana Puede Ser Verdad‘, introduciendo el género de terror en las pantallas españolas. Pero no era un miedo basado en el susto clásico, sino que eran relatos con un poso de reflexión. ‘Historias’ estuvo en el aire durante dos temporadas seguidas –1966 y 1967-1968–, llegando a tener varias reediciones en 1982, 2007 y 2009 –con directores como Álex de la Iglesia o Jaume Balagueró–. Al igual que Estudio 1, no era una serie tal como la conocemos ahora, pero sí se valía de esa fidelización y periodicidad adheridas a las series. El concepto de ‘Historias para No Dormir‘ habla mucho de la mente que había detrás de él, la de Chicho, que años después cambiaría el paradigma televisivo con el programa ‘Un, Dos, Tres … Responda Otra Vez‘. Un programa que revolucionó el panorama de la cultura, el humor, el entretenimiento y hasta el mundo inmobiliario en España.

© RTVE

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En un lugar de la Mancha…

Si hablar del mundo del entretenimiento televisivo es hablar de Chicho, hablar del mundo de las series en España es hablar de Antonio Mercero. En 1971 dirigiría su primera serie, ‘Crónicas de un Pueblo‘, todo un éxito durante los 3 años que se mantuvo en antena. El argumento era muy simple: la vida corriente de los habitantes de un pueblo cualquiera en las llanuras de la Mancha y sus personajes típicos, como el alcalde, el cura, el cartero o el maestro. Aunque puede parecernos muy somero como punto de partida, debemos de poner en contexto la serie. En España en aquella época se estaba produciendo una gran migración del pueblo a la ciudad. El contraste para la gente que lo realizaba podía ser muy grande y el proceso de adaptación realmente difícil. En realidad, Puebla Nueva del Rey Sancho –así es como se llamaba el pueblo ficticio, que tampoco era manchego ni nada porque estaba grabado a las afueras de Madrid– era todos los pueblos de España en uno. El espectador exiliado tenía cada noche de domingo un reflejo de la cotidianidad que había dejado en su hogar y podía evocar recuerdos de sus familiares y amigos. El primer éxito de Mercero vino de su capacidad de entender lo que los espectadores demandaban, algo que tantos éxitos traería después como veremos más adelante.

Un Robin Hood con patillas

Con la premisa mil veces vista y tan efectiva de “hombre tiene que huir por culpa de tomarse la justicia por su mano” llegaba en 1976 ‘Curro Jiménez‘. Si a eso le sumamos folclore español en cantidad abundante, un elenco de directores de altísimo nivel –como Mario Camús o Pilar Miró–, las grandísimas actuaciones de los ya por desgracia fallecidos Sancho Gracia y Pepe Sancho, la figura del ladrón de guante blanco que comparte lo que roba con los más desfavorecidos –y que gusta mucho en este país, “tú eres el Vaquilla, alegre bandolero, porque lo que ganas, repartes el dinero”– e infinidad de escenas de galope a caballo, nos queda sin más remedio una serie abocada al éxito más absoluto.

Y si por cualquier motivo durante la grabación se intuía que el episodio no iba a quedar muy redondo, Mario Camús cuenta que se aseguraba de grabar varias escenas de cabalgada por el campo para cerrar el capítulo y que el espectador se quedase de lo más contento. Además de poner de moda entre la juventud española llevar patillas de fantasía, hizo que muchos niños cambiasen sus aspiraciones a astronauta, futbolista o policía por la de convertirse en bandoleros en pos de combatir las injusticias. ¡Qué buena falta nos harían hoy día estos justicieros por nuestras calles!  

© RTVE

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El invierno en que España se paralizó

Domingo 7 de febrero de 1982. En algún punto entre las 4 y las 5 de la tarde de ese día, en las televisiones españolas se podía ver a un grupo de amigos jugando con una pelota en una playa. De repente el juego se interrumpe. Una voz se escucha en la distancia. “Parece la voz de Pancho”, dice una de las chicas. Silencio. “¡Chanquete a muerto!” se escucha fuera de cámara, en la distancia. A lo lejos, entre las cañas, aparece un joven corriendo y gritando “¡Chanquete a muerto!”. Tras una carrera que ya para sí la quisiera Tom Cruise, Pancho llega al grupo de amigos. “¡Chanquete ha muerto! ¡Ha muerto Chanquete!”. Corte a un primerísimo primer plano de Antonio Ferrandis, Chanquete, postrado hacia arriba en el velatorio. Cuentan las crónicas que las calles de media España bajaban repletas de agua por las lágrimas de todos los espectadores que acaban de ver esta escena.

Cuéntame cómo pasó, RTVE

Bueno, a lo mejor eso último no es del todo cierto, pero sí que es verdad que es uno de los momentos que más conmoción ha causado en la historia de la televisión española –probablemente justo después del gol de Iniesta de mi vida–. Pero retrocedamos un poco. Con el fin de la dictadura y la censura, Antonio Mercero ideó ‘Verano Azul’ una serie para toda la familia en la que se pudiese hablar abiertamente de ciertos temas de una manera abierta para que los más jóvenes de la casa tomasen contacto con ellos, como el divorcio, la amistad, el derecho a huelgo, la primera regla o, cómo no, la muerte de un ser querido. Lo que Mercero, ni nadie, podía imaginar casi 3 años antes cuando se empezó a rodar la serie, era el tremendo éxito que iba a cosechar la serie.  Como se comentó al principio, en aquella época sólo existía un canal y si se quería ver la tele no había más remedio que ver lo que estuviesen echando en TVE, pero esta serie caló muy hondo en todos los españoles. Hay testimonios de taxistas que cuentan cómo se notaba que por las calles no había nadie cuando se emitía un capítulo. Pero mi anécdota favorita, y que plasma muy bien el calado que llegó a tener la serie, es una que ocurrió la semana que se iba a emitir el capítulo de la muerte de Chanquete. Como la muerte sucedía muy de repente en el mismo capítulo –el personaje es diagnosticado, cae enfermo y muere en la hora que duraba el episodio– muchos medios, tanto prensa como radio se hicieron eco de que “Chanquete se había puesto muy malito y ay qué ver qué malito que está Chanquete” para que los padres pudiesen preparar a los más pequeños ante lo que estaba por venir. ¿Imagináis que hoy hiciesen lo mismo con ‘Juego de Tronos‘?

Y hasta aquí el reportaje de hoy. Es una muy pequeña selección de las grandes series que se han realizado en España durante esa época, pero sí que son de las más significativas por el calado que tuvieron en la sociedad española de la época. El siguiente reportaje se centrará en las series de los 90, con Antena 3 y Telecinco entrando en la guerra de las audiencias. ¡Permaneced atentos a Última Toma si queréis revivir más grandes series de la historia de nuestra televisión!

Acerca de Siso Lorente (17 Artículos)
Lo de las pelis, los videos, el misterio, la tele, la internec. To eso.

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