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Luces de la Ciudad

‘El secreto de sus ojos’

Dirección: Charles Chaplin | Guion: Charles Chaplin | Reparto: Charles Chaplin, Virginia Cherrill, Florence Lee, Harry Myers, Al Ernest Garcia | Fotografía: Rollie Totheroh y Gordon Pollock | Música: Charles Chaplin | Año estreno: 1931

Hablar de Charles Chaplin es hablar de cine en su sentido más puro. A su figura de cineasta total va unida de forma indisoluble su mítico personaje Charlot, a través del cual narró en innumerables ocasiones y con gran acierto sencillas historias de amor. Estas historias de tono inocente venían siempre reforzadas por efectivos gags cómicos, consistentes en enredos provocados por la condición de vagabundo de su icónico personaje. El factor social tiene mucho peso en ‘Luces de la Ciudad’, estrenada en el año 1931. La fecha es importante, ya que el cine sonoro estaba en pleno apogeo y eran pocos los que podían resistirse a abandonar el formato del cine mudo. Uno de los pocos en lograrlo -debido fundamentalmente a su sólida posición de poder en la industria, ejemplificada en la fundación de United Artists- fue Chaplin, que aún esperaría hasta el año 40 para realizar la que sería su primera película sonora, esa obra maestra que es ‘El Gran Dictador’ .

En lo que respecta a la cinta que nos ocupa, centra su base argumental en la premisa de que el amor es ciego. El juego de clases sociales con respecto al personaje protagonista, el cual mantiene engañada sobre su fortuna personal a una florista ciega a la que ama, es el gancho principal en el que se sustentan las sucesivas escenas. Sin embargo, lejos de enfocarse de manera mayoritaria en la relación amorosa y los conflictos adyacentes, Chaplin sorprende dedicando un amplio porcentaje del metraje a una relación afectiva paralela de su personaje. Se trata de la que establece de manera casual con un hombre rico atormentado, con el que la fortuna le permitirá mantener una desigual amistad. Desigual en tanto que ese hombre ejerce más de una especie de benefactor espontáneo que de verdadero amigo, resaltando con ello el cineasta inglés, cómo cualquier relación viene marcada por los roles sociales y económicos de cada uno de los participantes. Además, es desigual por los continuos cambios de comportamiento de ese nuevo amigo con Charlot, marcados en función de si se encuentra o no en estado de embriaguez.

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© United Artists

De alguna manera, aquello que se nos muestra es la falsedad que mueve a una parte importante de la sociedad. Cuando se encuentra totalmente desinhibido, el hombre rico no solo agradece la compañía de Charlot, sino que la prefiere por encima de la de otros, ya que logra hacerle ver el lado positivo de su amarga existencia. En cambio, con la sobriedad llega el supuesto raciocinio, y por lo tanto el rechazo a reconocer no solo su amistad con un vagabundo harapiento, sino incluso el conocimiento de la propia existencia del mismo. Aunque sea un acertado análisis social, resulta quizás excesivo el tiempo dedicado en la historia a mostrar esta conflictiva relación, en tanto que su función acaba resultando meramente instrumental para el devenir de la premisa amorosa, excesivamente apartada de la acción hasta casi la recta final. Al contrario de otras producciones de Charles Chaplin como ‘Tiempos Modernos’, se aprecia una cierta falta de equilibrio entre los elementos argumentales sólidos y los meramente cómicos. La trama acaba ocurriendo por bloques excesivamente marcados, pasando de la parte casi exclusivamente centrada en la relación anteriormente comentada, a una parte mucho más recreativa. Esta sucesión de escenas viene coronada con una de las escenas de referencia del cine de Chaplin, el delirante combate de boxeo que funciona como un gag tan efectivo como todos los protagonizados por ese auténtico portento de la comedia física.

Con la recta final no solo el amor recupera la importancia en parte perdida, sino que se refuerza la tesis del carácter puro del mismo. No sin dejar antes cierto lugar a la ironía, debido a un acertado cambio de roles entre la pareja protagonista con respecto al comienzo del film. El cierre, aunque esperado por natural, no deja de resultar en cierto modo abrupto, ya que el excesivo protagonismo de lo que se suponía una trama paralela, reduce las posibilidades de impacto emocional de la conclusión. A pesar de todos esos defectos, es inevitable que el carisma y carácter entrañable de Charlot suavice lo que podrían ser unas agridulces sensaciones, ganando por momentos el recuerdo de aquellas mejores escenas en las que el talento de esa leyenda del cine brilla con luz propia.

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© United Artists

Acerca de Samuel Martín (51 Artículos)
Cinéfilo hasta la médula, disfruto por igual una película de autor que la cinta más palomitera. ¿El único requisito? Que merezca la pena hablar de ella

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