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Making a Murderer T.1

‘Seré fuerte, no me quebraré’

Showrunner: Moira Demos y Laura Ricciardi | Dirección: Moira Demos y Laura Ricciardi | Guion: Moira Demos y Laura Ricciardi | Reparto: Steven Avery, Laura Nirider | Música: Kevin Kiner y Gustavo Santaolalla | Año estreno: 2015

El momento no podía ser mas propicio. A finales de 2014 llegaba Serial’, la serie podcast narrada por Sarah Koenig que ahondaba en un caso real de asesinato y que fue la primera de la historia en alcanzar los 5 millones de descargas en Itunes. Ya entrado 2015, de la mano de HBO, nos llegó la miniserie The Jinx’, que relataba el controvertido caso de Robert Durst y que estaba dirigida por Andrew Jarecki, quien ya contaba con experiencia documentando casos reales por la estupenda Capturing the Friedmans’. Estaba claro. Estábamos hambrientos de crímenes. Deseando especular y compartir nuestras teorías. Y necesitábamos que fuera real.

‘Making a Murderer’ ha recorrido un largo camino. Las directoras Moira Demos y Laura Ricciardi, entraron en contacto con la historia de Steven Avery a raíz de un artículo de prensa sobre su detención. Lo que comenzó como un proyecto de fin de carrera derivó en una investigación de mas de una década a medida que el caso Avery tomaba tintes cada vez mas kafkianos. Resumiendo: Steven Avery fue acusado de violación y encarcelado en 1985. Solo había un problema. No era culpable. Gracias a una prueba de ADN, recobró su libertad en 2003. Desde ese momento, inició un proceso legal contra el condado de Manitowoc y su departamento de policía, a quienes acusaba de negligencias en la investigación de su caso. Y quizás la historia podría haber acabado aquí de no ser porque Avery volvió a ser arrestado y acusado, esta vez de homicidio. La ordalía judicial que supuso su posterior encarcelación comprende el grueso de la serie y constituye uno de los mejores thrillers televisivos que hemos disfrutado en los últimos tiempos.

Making a Murderer

© Netflix

La serie, estrenada en diciembre del año pasado se convirtió en un éxito casi de inmediato. Aún con el terreno abonado para este tipo de contenido, sorprende el fenómeno que ha generado este relato sobre un reo pobre y un poco estrafalario. Posiblemente el secreto se encuentre en la propia historia, que, a pesar de ser real, toca muchos de los tropos del suspense y el drama judicial. El whodunit, el falso culpable, el abogado comprometido, el fiscal despiadado, el estado opresivo e injusto. Es imposible dejar de ver Making a Murderer’. Como documental, pone la cabeza del espectador en funcionamiento, llevándole a aventurar teorías, pero son sus formas de relato de género las que agarran al espectador y no le dejan apartarse de la pantalla. Sin narrador, las entrevistas y los testimonios se amontonan y se solapan con las imágenes de archivo reconstruyendo el caso como un mosaico. Poco a poco vamos conociendo a todos los actores de la función. Steven Avery, un paleto simpático al que se le adivina un lado oscuro y de quien sabemos cada vez menos a medida que avanza la historia; sus padres y su hermana, cariñosos e inconscientes; sus sucesivas parejas, destruidas por el desgaste; su sobrino, la autentica víctima. El reparto parece hecho a medida para el drama y sin embargo todo lo que vemos es real.

‘Making a Murderer’ no inventa nada. La lista de referentes nos lleva a clásicos como ‘A Sangre Fria’, pero también a parientes cercanos como la tremenda serie de HBO Paradise Lost’, o la ya citada Capturing the Friedmans’, con la que comparte algunos de sus grandes temas. Quizá el más importante de esos temas sea el como se erosiona la vida del ciudadano de a pie cuando es sometida al escrutinio mediático y judicial. El clan Avery, una familia de chatarreros del medio oeste rural de Estados Unidos, se desangra a lo largo de la década que comprende la serie. Todos sus miembros son marcados por la tragedia y los años de lucha en los juzgados se van cobrando un precio progresivamente más alto. Porque Making a Murderer’ es ante todo un drama familiar. El drama de una familia pobre afrontando las consecuencias de un crimen, atrapados en la trituradora del sistema judicial.

Making a Murderer

© Netflix

Con estos mimbres sería fácil emparentar la serie con programas como ‘Crímenes Imperfectos’ e incluso con series de ficción, como Mentes Criminales’, productos que ahondan en la dialéctica reaccionaria en la que se equipara la lucha contra el crimen con castigar el mal, y en los que por medio de la truculencia de los detalles se sitúa a una clase media permanentemente amenazada por una clase baja de la que hay que desconfiar. La misma clase a la que pertenece la familia Avery. Donde Making a Murderer’ se distancia de estos referentes es en la óptica que adopta. Demos y Ricciardi toman partido activamente por Steven Avery. Estamos ante una obra de tesis, y la tesis de las directoras es que su protagonista es inocente. La pregunta de si realmente lo es mantiene el relato en movimiento, pero es el drama del hombre enfrentado al sistema lo que perdura en la memoria.

La temporada ha acabado, pero la historia de Steven Avery continúa escribiéndose. En su país de origen ha motivado un encendido debate social sobre las fallas del sistema judicial y su protagonista se prepara para el siguiente asalto de un proceso legal que no parece tener fin. Recientemente se puso en marcha una petición publica para exigir su liberación, que desembocó incluso en un pronunciamiento de la Casa Blanca. Por otro lado, varios de los implicados han hecho declaraciones que parecen ir en contra de la causa de Avery. Todo el mundo tiene una opinión sobre el caso. La línea entre el espectáculo y la información se ha difuminado y aún está por ver si esta notoriedad jugará a favor o en contra de quienes están en el centro de la historia. También está por ver si habrá una segunda temporada de Making a Murderer’. Una cosa sí está clara. Seguimos queriendo saber.

Making a Murderer

© Netflix

Acerca de Davor Padilla (17 Artículos)
Davor Padilla vende discos y películas. A veces también ve alguna y discute enérgicamente sobre ella. Planea mudarse a una piña en el fondo del mar, pero entre tanto vive en Sevilla.

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