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Hannibal T.1

‘Un exquisito primer plato’

Showrunner: Bryan Fuller | Dirección: David Slade, Guillermo Navarro, Michael Rymer | Guion: Bryan Fuller, Steve Lightfoot, Scott Nimerfro | Reparto: Mads Mikkelsen, Hugh Dancy, Laurence Fishburne, Caroline Dhavernas, Gillian Anderson | Música: Brian Reitzell | Basado en: Novela “El Dragón Rojo” de Thomas Harris | Año estreno: 2013

Sospecho que no fuimos pocos los que enarcamos con suspicacia una ceja al leer que se preparaba una versión televisiva de las historias alrededor del personaje creado por el novelista Thomas Harris. En mi caso, aquello derivó en un resoplido de incredulidad al concretar que se trataba de un proyecto de la NBC, cadena que emite en abierto en Estados Unidos y de corte familiar y bastante alejado de lo que pide un personaje como el Doctor Lecter. Pero lo que nadie podía sospechar es que estábamos próximos a ver una de las series más especiales de los últimos años.

El contexto argumental nos sitúa en la actualidad –con todo el añadido de factor tecnológico pertinente–, en la primera de muchas acertadas decisiones dentro de la adaptación que se hace tanto de las novelas como de las películas previas –aunque a título oficioso se adapta la novela ‘El Dragón Rojo’–. Nuestro protagonista es Will Graham (Hugh Dancy), asesor del FBI en una investigación de asesinatos en serie, cuya especialidad es la capacidad de meterse en la mente de un asesino y reconstruir los crímenes con solo presenciar la escena de los mismos. A los mandos del proyecto se ubicó Bryan Fuller, respetado creador de series con escasa suerte como ‘Pushing Daisies’ y que contribuyó de manera esencial a la estupenda primera temporada de la a posteriori nefasta ‘Heroes’. En un alarde de ingenio, Fuller decide presentarnos un Will Graham con grandes problemas de estabilidad psíquica y emocional, lo cual lleva a su supervisor Jack Crawford -un correcto Laurence Fishburne- a enviarlo en brazos de la terapia del psiquiatra que da nombre a la serie, en pos de preservar su estabilidad mental a lo largo de la investigación. Aunque conservando la esencia de la historia original, es alta la flexibilidad con la que Fuller plantea tanto los acontecimientos como a determinados personajes, siendo mayoría los casos de acierto entre dichos cambios.

Hannibal

© NBC

El principal escollo, unido al tono inicial parcialmente procedimental, es el conocimiento certero que cualquier espectador tiene de que Hannibal Lecter es el hombre detrás de la oleada de crímenes. Sin embargo, y esto es algo que conforme avanza la temporada va siendo más palpable, no es la investigación en sí el eje argumental de la serie. Lo verdaderamente importante es el juego de manipulación e influencia que ejerce tan fascinante personaje sobre aquellos que le rodean, siendo especialmente estrecho el cerco que mantiene sobre Will, hasta el punto que se irá desarrollando entre ellos una sincera y particular amistad. Pero si hay un problema que la serie tenía que esquivar era el hecho de que en el imaginario colectivo Hannibal Lecter ha sido siempre –a pesar de que fue interpretado por primera vez por el también británico Brian Cox en ‘Manhunter’– el excelente actor inglés Anthony Hopkins. Parecía literalmente imposible que hubiese un actor sobre la faz de la tierra capaz de hacer sombra a su caracterización del personaje, especialmente aquella que le valió un merecido Oscar en ‘El Silencio de los Corderos’ (‘The Silence of the Lambs’, Jonathan Demme, 1991). Pero sintiéndolo por el señor Hopkins, ha sido destronado.

El danés Mads Mikkelsen hace completamente suyo un personaje a la altura de pocos actores en el mundo. A través de la sobriedad de gestos y con una elegancia innata, compone un Hannibal Lecter mucho más complejo e interesante aún si cabe. Resulta increíble la tensión latente que transmite cada uno de los momentos en que lo vemos en pantalla, haciendo de la sutilidad su arma más poderosa en escena. Frente a él, Hugh Dancy nos presenta una más que digna interpretación de un frágil y perturbado Graham, un personaje difícil de llevar por el actor en determinados momentos, cayendo quizás en cierta sobreactuación puntual. Sin embargo la química escénica entre ambos es innegable, algo que se verá claramente reforzado en la temporada posterior, pero que ya en esta primera entrega nos regala el que probablemente fuese el mejor dúo de la ficción televisiva del año de su estreno. La pega sería para el resto de personajes, algo desdibujados los secundarios con mayor presencia, siendo más agradecida la breve pero estimulante aparición de algunos personajes como el encarnado por el británico Eddie Izzard. Especialmente flojo es el personaje de Alana Bloom (Caroline Dhavernas), personaje que ejerce de cierta mediación entre el tándem protagonista, pero que palidece en la comparación frente a tan fascinantes personajes.

Hannibal

© NBC

Junto con la elección de Mikkelsen, otro gran acierto de la serie es su tono estético. La fotografía es sencillamente espectacular, de las mejores que se han visto en la pequeña pantalla en mucho tiempo, haciendo especialmente de las escenas en las que Graham reconstruye los crímenes una auténtica gozada. Una explicación de tan estilizado sentido estético es la presencia en la dirección de los capítulos de realizadores como David Slade (‘Hard Candy’) o el excelente director de fotografía Guillermo Navarro (‘El Laberinto del Fauno’). El uso de las cámaras lentas es una constante en los episodios, pero al contrario de lo que cabría esperar estas no se usan únicamente para resaltar elementos llamativos o truculentos. Son comunes los planos de ese tipo en los que a partir de un elemento aparentemente mundano se compone o refuerza alguna idea compleja expuesta por alguno de los personajes. Pero el plato fuerte a nivel estético es sin lugar a duda el uso de la comida. Asesorados por el famoso chef español José Andrés –quizás algunos lo recordéis hace años con un programa en la televisión española–, los platos elaborados por Hannibal son sencillamente espectaculares, lo cual provoca en el espectador una sensación culpable de atracción ante los mismos a pesar de la perturbadora procedencia de algunos de los ingredientes.

Y es que el gran arma de esta ficción televisiva para trastornarnos no son los detalles truculentos de los crímenes. Es aquello que no vemos pero podemos intuir lo que más se graba en la mente del espectador, ya sea por alguno de los hipnóticos festines con los que el Doctor Lecter agasaja a sus invitados o por el juego de perspectivas que se suceden en la trama ante determinadas situaciones clave. Aunque en la recta final ocurren determinados acontecimientos en los que la solidez de la manipulación de Lecter sobre Will está un poco cogida por los pelos, la manera en que todo se reconduce para entregarnos un final de temporada tan acertado como sorprendente compensa cualquier flaqueza previa. De la misma manera, con todas sus imperfecciones, compensa con creces el visionado de la primera temporada de ‘Hannibal’, la cual nos deja con ganas de disfrutar de  más sugerentes y tenebrosos platos.

Hannibal

© NBC

Acerca de Samuel Martín (51 Artículos)
Cinéfilo hasta la médula, disfruto por igual una película de autor que la cinta más palomitera. ¿El único requisito? Que merezca la pena hablar de ella

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