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La Juventud

‘Al final, la vida era solo esto’

Dirección: Paolo Sorrentino | Guion: Paolo Sorrentino | Reparto: Michael Caine, Harvey Keitel, Paul Dano, Rachel Weisz, Jane Fonda | Fotografía: Luca Bigazzi | Música: David Lang | Año estreno: 2015

Paolo Sorrentino parece empeñado en recrear los grandes films de Federico Fellini, buscando quizás convertirse en uno de los grandes por méritos propios. Si con ‘La Gran Belleza’, éxito indiscutible de crítica, realizaba una actualización de ‘La Dolce Vita’; Sorrentino intenta el más difícil todavía afrontando con ‘La Juventud’ su ‘8½’ particular. Para ello se apoya en un claro concepto, la amenaza que la juventud supone para aquellos que la dejaron atrás hace mucho tiempo. El resultado es una de las películas más pretenciosas que he tenido la oportunidad de ver en mucho tiempo.

La inacción nos sitúa en un hotel de lujo suizo, en el cual una serie de personalidades de distintos campos pasan unos días de reposo, alejados del mundo cotidiano y sus preocupaciones habituales. Entre los distinguidos clientes del hotel se encuentran dos viejos amigos, Fred (Michael Caine) y Mick (Harvey Keitel), retirado director de orquesta y director de cine aún en activo respectivamente. Mientras su amigo afronta la escritura del guión que considera su testamento cinematográfico, el personaje de Caine -protagonista de la historia- afronta la vejez desde la reflexión sobre su vida pasada y la total desidia ante la idea de realizar un último concierto, petición de la realeza inglesa. Junto a ellos desfilan una serie de personajes que, al igual que el dúo de amigos, encadenan una serie de conversaciones fútiles y consistentes en sentencias de igual profundidad a las citas de los sobres de azúcar. La innegable belleza estética de determinadas escenas queda reducida a un hermoso cascarón vacío, restando en ocasiones las posibilidades de alcanzar el espectador una mayor emoción ante su visionado.

© StudioCanal / © Fox Searchlight Pictures / © Medusa Film

© StudioCanal / © Fox Searchlight Pictures / © Medusa Film

Eran muchas las ganas que tenía de volver a ver a Michael Caine en un personaje protagonista, alejado de los secundarios de mero apoyo en grandes producciones que viene encarnando en los últimos años. Aunque da la talla a nivel interpretativo, la falta de profundidad e interés que transmite su personaje impide un mayor lucimiento del excelente actor británico. Diferente es el caso de Harvey Keitel, cuya presencia mejora cada escena en la que participa, siendo su personaje menos desdibujado y con unas motivaciones e inquietudes de mayor interés. A destacar la presencia de Paul Dano, bastante desaprovechado dentro de la dispersión que inunda la cinta, aunque suya es una de las mejores escenas recreando a un personaje histórico por todos conocido. Sin duda también hay que destacar la breve pero intensa participación de Jane Fonda. Son muchas las alabanzas a su interpretación de una antigua diva del cine, y aunque es verdad que está muy convincente en su rol, la escena entre ella y Keitel es un buen ejemplo del carácter fallido de la cinta. Ninguna de las situaciones clave de la historia son tan interesantes o intensas como Sorrentino pretende, ni como la propia historia necesita. Muestra de ello es que a la hora de repasar todos los personajes y su interminable desfile de reflexiones, el que acaba siendo más sólido de todos es aquel que representa a un famoso ex-futbolista, cuya aportación se limita a unos pocos minutos, no dándole así tiempo a agotarnos como la mayoría de personajes hacen. Especialmente cargante resulta el personaje de la normalmente estupenda Rachel Weisz, en esta ocasión encargada de dar vida a la insulsa hija del protagonista.

Son tantos los conceptos que se intentan abarcar -al contrario que ocurría con la cinta de Fellini de la que es heredera, la cual se centraba en la crisis creativa y personal de un único personaje- que lo que acaba resultando es un tratamiento superficial de cuestiones que pedían un más profundo y mejor análisis. Una cinta aburrida y vacía, que curiosamente reserva sus mejores momentos para la recta final. Y digo curioso porque esos momentos finales son los únicos que se desarrollan fuera de la localización principal del film, como si al liberarse de las cadenas del soberbio intento de su director de igualar a uno de los grandes pudiese desarrollar su historia con libertad. Una película en definitiva intrascendente en su intento por trascender más allá de algunas escenas sueltas que aunque hermosas, no se ven respaldadas por un guión a la altura de la idea que se intenta transmitir.

© StudioCanal / © Fox Searchlight Pictures / © Medusa Film

© StudioCanal / © Fox Searchlight Pictures / © Medusa Film

Acerca de Samuel Martín (51 Artículos)
Cinéfilo hasta la médula, disfruto por igual una película de autor que la cinta más palomitera. ¿El único requisito? Que merezca la pena hablar de ella

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