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Beasts of No Nation

‘Hijos de la guerra’

Dirección: Cary Joji Fukunaga | Guion: Cary Joji Fukunaga | Reparto: Abraham Attah, Idris Elba, Emmanuel Affazdi, Grace Nortey, David Dantoh | Fotografía: Cary Joji Fukunaga | Música: Dan Romer | Basado en: Novela ‘Beasts of No Nation’ de Uzodinma Iweala | Año estreno: 2015

El drama de los niños soldados en África es a día de hoy conocido por todos en mayor o menor medida. Sin embargo, cuando hablamos de cine, no existía un referente fuera del documental sobre esta temática. Eso deja de ser así con ‘Beasts of No nation’, el estreno de Netflix en la ficción cinematográfica de la mano de Cary Joji Fukunaga, director de la brillante primera temporada de ‘True Detective’. Una vez consolidada su incursión en el terreno de la producción televisiva, el portal de contenido de video en streaming -de reciente desembarco en nuestro país-, puso en marcha este proyecto, madurado durante años por Fukunaga, con la intención de poner una sólida primera piedra en lo que se espera sea una fructífera y longeva producción fílmica.

La trama nos sitúa en mitad de una guerra civil, la cual asola y desangra un país africano. Se hace pues inevitable que el conflicto salpique a la villa en la que vive Agu (Abraham Attah), destruyendo a su familia y toda la vida que había conocido hasta ese momento. De esa forma arranca el viaje sin retorno de nuestro protagonista hacia la deshumanización, ya que para sobrevivir se verá forzado a formar parte de las tropas de signo rebelde lideradas por el Comandante, personaje magistralmente interpretado por Idris Elba. El actor británico, cuyos mejores personajes hasta la fecha habían tenido lugar en la ficción televisiva –‘The Wire’ o ‘Luther’-, se enfrenta al que probablemente sea su personaje más complejo hasta la fecha. Un auténtico señor de la guerra en su máxima expresión, un ser maquiavélico y calculador que utiliza su poder de influencia y manipulación sobre niños huérfanos y asustados para alzarse no solo como su superior en la batalla, sino como un referente paterno al más puro estilo de las sectas. Un personaje misterioso y fascinante en el que Elba, un actor de gran presencia y en el mejor momento de su carrera, se mueve con total comodidad, más allá de algún momento de imprecisión con respecto a su acento africano, algo compensado con creces con todo un repertorio de intimidación escénica.

© Netflix

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Sin desmerecer por ello la tremenda labor interpretativa de Elba, el gran descubrimiento de la cinta es su protagonista, el debutante Abraham Attah. Lo que hace este joven ghanés de apenas 14 años es impresionante, cualquier elogio a su capacidad de transmitir la ruptura de la inocencia a través de la barbarie se queda corto. Resulta asombrosa la naturalidad con la que Agu pasa de ser un niño risueño y despreocupado a convertirse en un asesino frío e implacable, totalmente incapaz de volver a conectar con el niño feliz que en un tiempo no muy lejano fue. Frío e implacable es también el tratamiento que Fukunaga da a la historia y eventos que se suceden. Encargado también del guión y la fotografía del film, el joven realizador dota a la estética de la película de una ambientación desangelada y por momentos onírica. Sin embargo, no estamos ante un tratamiento estilizado en ningún momento de la guerra, tal como podía ser el dado por Terrence Malick en ‘La Delgada Línea Roja’. En ningún momento se escatima en mostrarnos la crudeza y salvajismo de los ataques y ejecuciones que se llevan a cabo, llegando en ocasiones a alcanzar niveles hirientes a la sensibilidad del espectador. La recta final de la historia queda sumida en un quizás excesivo letargo, presa de la propia situación de las tropas infantiles y su Comandante, con lo que el ritmo de la cinta llega a resentirse ligeramente. Algo que puede que muchos espectadores lleguen a agradecer después de la sucesión de eventos terribles presenciados e incluso cometidos por el personaje protagonista.

Y al final el espectador queda exhausto y roto por dentro, incapaz de desconectar del todo con aquello que acaba de presenciar, de la misma manera que Agu es incapaz de volver a sonreír como lo hacía, de ser el que era. No encontramos en el metraje ninguna solución, ninguna posibilidad de encontrar la felicidad después de atravesar el infierno. Porque en ningún momento la intención de ‘Beasts of No Nation’ es la de extraer una moraleja o catarsis positiva de la historia. Tampoco se recrea en el sufrimiento y la violencia. Lo que vemos en la pantalla es la cruda realidad. Es el retrato de millones de vidas destrozadas, de una forma u otra, debido a la barbarie de la guerra, la codicia y la complicidad de aquellos países que solo ven en el continente africano una fuente inagotable de materias primas de todo tipo. Es en definitiva una película incómoda, como la terrible verdad que refleja esta historia que desearíamos que fuese de ficción. Porque el cine en ocasiones rebosa verdad, una verdad que debe ser reivindicada, incluso cuando se trata de aquella verdad que nadie quiere mirar a los ojos.

© Netflix

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Acerca de Samuel Martín (51 Artículos)
Cinéfilo hasta la médula, disfruto por igual una película de autor que la cinta más palomitera. ¿El único requisito? Que merezca la pena hablar de ella

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